
Cuando ya casi la había olvidado, me ha vuelto a encontrar. Esa extraña sensación que me vacía día a día, esas lagrimas que tanto he echado de más.
No entiendo en que momento me perdí, en que lugar deje de sonreír. Solo se que algo ha cambiado y no consigo comprenderme.
¿Por qué nadie escucha mi silencio a gritos?
¿Por qué nadie acude a mis gritos silenciosos?
Me invade la idea de no saber salir a tiempo de este laberinto, de no saber tomar la decisión correcta.
Pero el miedo me atrapa en esta libertad cautiva, que me asfixia dejándome sin aire.
Esta entrada me recuerda en cierto modo a una frase de una canción:
ResponderEliminar"Se acerca el dolor, sin invitación, a jugar en la herida..."
Y es que la vida es un ir y venir de sentimientos, y todos llegan siempre en el momento más inoportuno -o más inesperado-.
¡Un saludo!
Un laberinto sin centro es un silencio que solo se deja escuchar en el grito.
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